Quién soy 🧘‍♀️

¡Hola! me llamo Antía y nací muy cerquita de la playa, esto ha hecho que en el mar siempre encuentre mi casa y siempre me encuentre a mí. Soy Escorpio; ¡ey!, no dejes de leerme por este último dato, para mí también era algo irrelevante, hasta que una noche, en la playa de Nueva Zelanda, vi por primera vez su constelación. Desde ese día le doy más importancia a las estrellas y a lo que ellas nos quieren decir, porque dicen las estrellas que los fugaces somos nosotros.

Me gusta llevar una vida nómada aunque sueño con algún día tener una casita pequeñita, con un huerto, un huerto que me dé tomates todos los meses de verano y poder hacer con ellos salmorejo, una de mis comidas favoritas. 

Soy de ese pequeño porcentaje de población que tiene pueblo y sí, mi pueblo es el mejor, pero el mejor de verdad. Se llama Redipollos, es en la montaña de León y ahí pasé muchos momentos de mi vida, aunque muchos menos de los que me hubiese gustado. Tener pueblo me hizo conocer la montaña y los valores que esta tiene. Tener pueblo me regaló poder jugar en la calle durante horas y horas, me regaló el no ducharme en más días de los que puedo confesar y me enseñó todo lo que un pueblo puede enseñar. 

Me enamoro muchas veces, pero veces muy efímeras. Me encanta enamorarme de las cosas nuevas que encuentro. Me enamoro de los lugares que visito y sueño muchas veces con vivir en ellos. Me enamoro de las personas que me enamoran. Me enamoro de las culturas y los detalles. Me enamoro de las puestas de sol. 

Mi palabra favorita es: luscofusco. Una palabra gallega que habla de ese momento del día que aún es de día y empieza a ser noche, una palabra que habla de ese momento en el que todavía queda mucha luz para la noche y ya hay suficiente oscuridad para no poder encontrar al día. Una palabra que me lleva a esos cielos llenos de colores que tanto me gustan. Una palabra que me define. 

Mi mayor debilidad son los gatos. Creo que los gatos son el mejor invento de la vida. Tengo un gato que se llama Enchufe y me encanta cuando me aplasta con sus patitas delanteras. 

Pensaba que odiaba cocinar hasta que descubrí el mundo de la alimentación. Entendí que la comida es la gasolina del alma y que según nos nutrimos según vivimos.

Ahora amo cocinar platos vegetales llenos de color, mi favoritos son las ensaladas y todo aquello que suene un poco exótico. 

No puedo vivir sin fruta y soy capaz de comer varios kilos en un solo día. Mi cuerpo me pide la fruta para vivir. Si tengo que destacar alguna fruta destacaría el mango, las cerezas y el kiwi amarillo. 

Mi último gran descubrimiento es el yoga aunque la realidad es que fue el yoga quién me descubrió a mí. Llegó un momento de mi vida en el cual todas las señales me decían que tenía que descubrir que era eso, hice caso al universo -porque al universo no se puede no hacerle caso- y empecé a aprender. En el yoga encontré una filosofía y un estilo de vida. En el yoga me encontré a mí. 

Intento tener pocas cosas y necesitar poco esas pocas cosas, pero confieso que soy más presa de la tecnología de lo que me gustaría y que recurro al móvil de manera automática cuando no quiero sentir.

Me cuesta mantenerme firme con las cosas que quiero y a veces mi mente es capaz de llevarme a lo más profundo. He aprendido a decir que no pero a veces se me olvida y acabo haciendo aquello que no quiero hacer. 

Tengo una lista de cosas que hacer antes de morir.